Caracas, 7 de octubre de 2023 – En medio de la bulliciosa Caracas, el grito de “¡Compro dólares, compro dólares!” se escucha a intervalos a lo largo del día. César Rivas, sentado en una silla vieja y rota, sostiene un fajo de bolívares, la moneda devaluada de Venezuela que ha sido desplazada por el dólar estadounidense.

Rivas no está solo en esta concurrida zona comercial de Caracas. Junto a él, otros cambistas agitan pacas de billetes que ofrecen a la venta. Su misión es simple pero esencial en la economía venezolana actual: “Transformar bolívares en dólares”, según explicó Rivas a la Voz de América.

En Venezuela, más del 90 % de los precios están marcados en la moneda estadounidense, de acuerdo con expertos económicos. Desde 2019, el dólar se ha convertido en la moneda de facto en el país, sin enfrentar resistencia por parte del gobierno. Incluso el presidente Nicolás Maduro llegó a ver la dolarización informal como una “válvula de escape” durante la crisis económica de 2018, cuando la nación enfrentaba recesión e hiperinflación.

Para combatir la escasez de alimentos y medicinas, el gobierno levantó el control de cambio, liberó los precios e incentivó las importaciones. Como resultado, el dólar se ha convertido en la moneda de facto, utilizada en el 50 % de las transacciones comerciales, según el economista Jesús Palacios.

El bolívar, en cambio, es visto con desconfianza por los venezolanos y se utiliza principalmente para operaciones de menor cuantía o para el transporte público.

Es en este contexto que César Rivas y otros cambistas callejeros entran en acción. Se asocian con conductores de autobuses que, a menudo, reciben pagos en bolívares de los pasajeros y desean cambiarlos a dólares. Manuel Castillo, también dedicado a este mercado informal, explica: “Se les compra a los camioneros, ellos nos dan un precio y nosotros obtenemos un beneficio”.

Los clientes de estos cambistas son personas que necesitan dinero en efectivo para el transporte, pequeñas compras en el mercado o para completar pagos, ya que la falta de billetes de baja denominación hace que el cambio en dólares sea casi imposible.

Ana Carrillo, de 25 años, muestra una perspectiva ambivalente sobre la dolarización en el país: “Semanalmente vengo y les compro dólares a ellos, 20, 30 dólares para poder comprarle cosas a mi hija”. A pesar de sus críticas al dominio del dólar, Carrillo encuentra en esta moneda una solución práctica para sus necesidades.

El gobierno venezolano ha rechazado la idea de dolarizar formalmente la economía, como lo han hecho Panamá, Ecuador y El Salvador, y ha intentado promover la “desdolarización” mediante un impuesto del 3 % a las transacciones en divisas. Sin embargo, la confianza en el bolívar venezolano sigue siendo baja. En lo que va de 2023, la moneda local ha perdido casi un 50 % de su valor, pasando de 17,55 bolívares por dólar en enero a los actuales 34,7 bolívares por dólar.

El negocio de los cambistas callejeros es un testimonio de la compleja realidad económica que vive Venezuela, donde la dolarización informal ha tomado un papel central en la vida cotidiana de los ciudadanos. Aunque el gobierno busca alternativas, el dólar continúa siendo la moneda de preferencia para muchas transacciones en el país sudamericano.

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